La belleza llegó, pero no la llamé porque no conocía su nombre. Quise pintar como un hombre que se había quedado ciego. Pinté en la penumbra, desde la memoria. Pinté más desde el movimiento y menos desde la vista.
Empecé a recordarme a mí mismo mientras me movía desde mis propias emociones. La emoción que sentía era el amor. Una amante examina el rostro de su amado, sobre todo, con fascinación. Observa los detalles con asombro. Hay una forma de admirar un rostro con vaguedad, ignorando los detalles y las imperfecciones, como si se mirara a través del lente de un sueño. Y luego está la forma de ver de verdad, con dolor y con detalle, y amar aquello real que se está contemplando.
Al principio llegaste a mí como un sueño, con formas vagas y completas, y fuiste tomando forma como el barro que emerge de la tierra húmeda. A veces surgían formas grotescas y luego se asentaban en esa cosa clara, segura y conocida que reconocía, y que solo yo podía reconocer.
La memoria es como la luz en la noche. Es algo precioso y escaso. Luego llega el amanecer, y entonces todo se inunda de luz.
Después de que mi hermano murió, quedé paralizado. Examiné mi duelo con la precisión de un científico. Lo que aprendí mediante un método científico es que el amor es más fuerte que la muerte. No puedo demostrarlo hasta que tú lo sientas. Ese es el conocimiento con el que ahora te reconozco.
Es extraño cómo reacciona la gente ante mi certeza de que el amor existe. Quieren comprarla, poseerla. ¿Cómo se posee un hecho, una idea?
Dices que no puedes permitirte el amor, así que te pregunto, cuánto cuesta?
Algún día nos casaremos y encajaré mi mano dentro de la tuya como un guante, tu piel alrededor de mi piel, mi sangre interior e incolora dentro de tu vida, esa sangre que no puedes ver, solo sentir.
Y no estarás demasiado dentro de mí ni demasiado fuera de mí, sino simplemente tocando exactamente el lugar donde nunca volveremos a separarnos.
Seguimos esperando. Mis dedos todavía siguen creciendo. Crecen como el árbol sin nombre. La mitad de mí busca la luz para nutrirse y la otra mitad busca la oscuridad; ambas provienen de ti, de un ojo tuyo y del otro.
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