Una flor crece en el borde del mundo, donde la simple línea del horizonte se encuentra con el horizonte superior del cielo. Cuando florece, el amanecer nace de ella. Cada vez que sonríes, cada vez que veo tu felicidad por verme, o por cualquier otra razón, se siente como contemplar el amanecer surgir de esa flor, viniendo de la nada, de una larga noche silenciosa que no contenía nada, ninguna esperanza. La esperanza crece de las enredaderas, pero ¿de dónde vienes tú? Me quedo de pie frente a la fuente, maravillado. Miro a mi alrededor, con miedo. Busco señales de amor, sin darme cuenta de que yo también soy una señal de amor, los huesos del amor creciendo para organizarse dentro de la oscuridad húmeda de mis órganos sin forma.

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