Mi gran amor llegó a mí sin victoria ni derrota, sin gesto, sin anuncio, sin acuerdo ni desacuerdo, sin energía ni cansancio. Quizá eso fue una victoria sobre sí mismo, sobre la mayor historia de amor jamás contada, para no permanecer como leyenda, no quedar olvidada, para que sus ideales y símbolos y tramas y villanos y héroes fueran liberados de vuelta a donde van las historias cuando dejan de ser escuchadas, el lugar de donde vienen otras historias. Todo lo que queda es mi propia existencia, un vacío tembloroso. Cuando adelanto el pie fuera del escalón, ¿de dónde surge el siguiente paso? Mi mano queda suspendida, sin llegar a tomar la mano de Dios.
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