29. Casi traición

Lucero estaba llorando ahora. Todo el cuerpo le temblaba, como si el peso de lo que había hecho le hubiera caído encima por primera vez. La miraba como un hombre que se ahoga.

Isabel no decía nada, y su cara decía todavía menos.

—¿Qué estás pensando?

—Que ya estuvo.

Empacó lo esencial. Cepillo de dientes, pasaporte, billetera, ropa interior.

Lucero miraba impotente.

—No te creo. Dijiste que nunca me ibas a dejar. Dijiste que me ibas a enseñar a amar.

La miró con el rostro mojado y marcado por lágrimas y cicatrices de su vida de pesadilla.

—Ahora sí sé que estoy roto. Por fin lo entiendo. Nadie nunca me había hecho ver la verdad. Nadie nunca me había mostrado que la vida podía ser distinta a este infierno en el que he estado viviendo.

Tomó sus dos manos entre las suyas, como en plegaria.

—Necesito que tú me lo enseñes.

Ella cerró la maleta con un zip decidido. Se puso los zapatos.

—¿Y tus libros?

—Quédate con ellos.

—Te prometo que te los voy a cuidar hasta que regreses.

Y él sabía que ella volvería. Todavía tenía la mayoría de sus cosas, que ella no podía cargar ahora. No estaba tan preparada.

El camino de tierra, pedregoso y angosto, se abrió espectacularmente a un campo ancho. A lo lejos, vacas y caballos pastaban bajo la sombra de unos pocos árboles dispersos. A la derecha del campo, descansaba un océano azul brillante y palmeras delineaban el borde de la playa.

Ella se detuvo allí mismo, en el camino.

Un grupo de zopilotes se había reunido ceremonialmente alrededor de un cadáver frente a ella. Por un momento, observó en silencio cómo el ciclo de la vida se desplegaba con su crueldad majestuosa y desapegada. Él decía que los zopilotes eran su animal favorito.

Los ganchos de sus picos afilados danzaban con el aleteo de las plumas negras, largas y brillantes, bajo el sol fuerte.

Pages: 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 34 35 36 37 38 39

Leave a comment