16. Fabiano
—Te juro que me enamoré de ti cuando vi ese collar —decía él, refiriéndose a su dije de trébol de cuatro hojas.
Hombres y mujeres de cabellos negro azabache y piel quemada de sol, roja oscura, miraban de reojo con frecuencia hacia su mesa. Ella podía ver el blanco de sus ojos brillar de vez en cuando. No reciben muchos visitantes ahí, probablemente no habían visto a una persona asiática en décadas. Isabel ya estaba acostumbrada a la atención, pero esta vez estaban dedicando más tiempo a mirar a Lucero.
Isabel arrancaba con los dedos pedacitos de cachete de res marinado de su plato. Era su parte favorita de la vaca.
—Sí, me acuerdo, supe que te estabas enamorando de mí porque actuabas como un niñito —lo picó.
Él ya había hablado de su hija, pero cuando ella le preguntó si era su hija favorita, él se echó para atrás.
—Tuve un hijo, lo asesinaron.
Lucero la miró con sus ojos negro azabache. En esos dos puntos oscuros y afilados, a Isabel le pareció que solo habían conocido el odio. Ella se quedó callada por respeto. Pero frunció suavemente el ceño en señal de comprensión.
Él encendió un porro. No estaba con ella, estaba en otra parte. A los pocos días, reveló más de la historia.
—No contestaba el teléfono. Sabía que algo estaba mal. Lo busqué durante semanas. Caminé por toda la selva y los campos. Ya sabía que estaba muerto, para entonces era obvio. Recé: por favor solo devuélvanme su cuerpo. Soy su padre, me pertenece a mí.
Supe entonces exactamente adónde tenía que ir. Lo encontré en pedazos.
¿Por qué lo cortarían en pedazos? ¿Quién haría algo así?
Dio una calada y exhaló, el humo formando una pantalla entre ellos; por un momento fue más que un hombre, fue la cosa más real que ella había visto.
—No quise conocer a nadie durante un año. Me quedé en ese lugar —señaló el porche que daba al mar— y leí todos los libros de Gabriel García Márquez. Todos y cada uno. ¿Sabes qué me di cuenta? Que todos se conectan.
Y vendí mi carro. Porque si hubiera tenido un medio para irme, mataría a alguien, y no habría podido detenerme.
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