En La llama doble, Octavio Paz explica las similitudes entre lo erótico y lo poético. Ambos son agentes de la imaginación. Ninguno es un medio para un fin. La poesía es al lenguaje lo que el erotismo es al sexo. El sexo tiene una función: la reproducción. Pero el erotismo es algo que se ha liberado de ese propósito. La poesía, de forma similar, se libera de la utilidad del lenguaje, que es la comunicación. Un poema no puede ser racionalizado ni entendido, solo disfrutado. En su ensayo, Octavio Paz llama a la poesía “la otra voz”.

Si la poesía es la otra voz, entonces ¿qué sería el erotismo? Quizás el “otro cuerpo”, aquel que ha sido liberado de la domesticación. Paz dice que el erotismo es más que una sexualidad animal; es un ritual y una representación. Es la sexualidad transformada en metáfora.

Entonces me pregunto: ¿qué es ese “otro animal”? Esa metáfora más allá de un cuerpo, quizás más allá de un cuerpo humano, e incluso más allá de un cuerpo animal.

Pero no nos reproducimos solo para aumentar el número de la población. Nos reproducimos para evolucionar. Es la forma en que las especies han evolucionado. El erotismo roza el misterio de la evolución. Tocar aquello que se siente erótico es alcanzar un deseo de crear algo más grande que la especie biológica que somos actualmente. Así como alcanzar una sensación más poética encuentra palabras y lenguaje que aún no existen, precisamente porque está alcanzando una conciencia que aún no existe.

Así es como la poesía y el erotismo están estrechamente relacionados. Ambos buscan conexión en distintos medios. Son nuestra ambición de ser más, la imaginación para crear lo que no existe, lo que no es posible.

¿Soñó un pez con tener patas? ¿Con caminar por la tierra? ¿Acaso sabe lo que hay en el borde del océano?

¿Con qué sueña una persona? Nuestra poesía y nuestro erotismo contienen nuestros deseos más profundos. Ya no nos excita el pez, sin embargo, somos el producto de su excitación. Entonces, ¿cuándo la excitación se convierte en Eros? ¿Cuándo las palabras se convierten en una voz aún no descubierta? ¿Dónde termina el instinto y comienza el arte? Nuestro erotismo es nuestro cuerpo de pez soñando con un mundo más allá del océano.

“Quis hic locus? Quae regio? Quae mundi plaga?” – Virgilio, La Eneida, Libro I

¿Qué lugar es este? ¿Qué reino? ¿Qué orillas de qué mundos?

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